Las organizaciones populares tienen cada vez menos acceso a los medios masivos de comunicación, si es que alguna vez tuvieron alguno. El camino para comunicar sus reclamos, para transmitir sus realidades y deseos está cortado por la política y las estrategias de desinformación y manipulación que los medios masivos ejercen.
Por una parte, los medios han modificado los mecanismos enunciativos, han ampliado la diversidad temática de las programaciones y han inventado nuevas tecnologías comunicacionales para llegar a audiencias más amplias.
Por otra, el poder político-mediático, inspirado en el decreto-ley de radiodifusión de la dictadura y las modificaciones posteriores introducidas por los decretos de Alfonsín y Menem y la ley de Reforma del Estado, ha cortado de raíz la posibilidad de las organizaciones populares de constituirse en emisores.
Cuando las clases trabajadoras ingresan a los medios gráficos y/o electrónicos son siempre como “objeto” de la noticia, la información, la reflexión, etc., nunca como “sujeto”. Los trabajadores, desempleados, excluidos, mujeres, piqueteros, migrantes pobres, son parte integrante de la noticia cotidiana, pero dentro del marco enunciativo, la agenda y el contexto que fijan los dueños de los medios masivos.