La reducción de becas así como de viandas para los estudiantes secundarios por parte de la gestión educativa de Macri, se enmarca en una serie de “medidas de hecho” que se han venido tomando en el conjunto de las políticas porteñas. Éstas evidencian repudiablemente la intencionalidad de excluir a los sectores más marginales de la población porteña de las instituciones públicas. Los discursos de la actual gestión acerca de la inclusión educativa, laboral o alimentaria, intentan encubrir los criterios de selección de aquellas personas a ser incluidas en sus programas. Esto podría traducirse en la afirmación, “la Ciudad incluirá, pero no a todos y no en todos los aspectos”. Basta mencionar el “congelamiento” de programas de acceso a la vivienda social (Ministerio de Desarrollo Urbano) – en contraposición a activas iniciativas de desalojo, o el recorte, la mayor burocratización y dificultad en el acceso a programas de asistencia social básica (Ministerio de Desarrollo Social).
Ante esto, es innegable que las políticas macristas, tanto en sus enunciados formales como en su implementación cotidiana, han puesto en marcha un proceso de exclusión de los hogares pobres de la Ciudad que tiende a profundizar la fragmentación social, la desigualdad y la discriminación, violando claramente los derechos humanos.
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Editorial
Nuestro Gobierno, y muchos compañeros de militancia, parecen haberse resignado al rechazo o pérdida de apoyo de la clase media. Parecería que un componente genético la hace retornar a un gorilismo primitivo y visceral ante cualquier aspecto negativo del gobierno, aún aquellas cosas que parecen totalmente secundarias o, más aún, anecdóticas. Así el supuesto autoritarismo o soberbia de Néstor Kirchner o Cristina Fernández, el estilo fashion de la Presidenta y su tendencia al maquillaje, que ella admite como una costumbre que arrastra desde su primera juventud, o el carácter confrontativo del estilo kirchnerista, más el hecho de que los actos oficialistas suman decenas de miles de morochos y morochas serían el motivo que hace renacer el atávico odio de la susodicha clase por el peronismo. Lea la editorial completa
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