Hace unos días, anunciaban un programa periodístico con la participación de la Dra. Elisa Carrió. En una notable demostración de amplitud mental y espíritu autocrítico, decidí ver el programa con la mayor objetividad e imparcialidad posibles. A poco de iniciado el mismo, escucho a la candidata pronunciar las siguientes palabras: “nosotros, la clase media, debemos salvar a nuestros hermanos pobres de las garras del Kirchnerismo” y minutos después, al preguntarle el periodista porqué había ganado las elecciones Cristina Fernández hace un año y medio con el 46% de los votos, contestó con una seguridad a toda prueba, “todos sabemos que hubo fraude”.
Inmediatamente, toda mi buena voluntad se esfumó cual humo de cigarrillo en medio de un huracán. Sencillamente no podía dar crédito a mis oídos. Seguí viendo el programa un rato más, lo que sólo sirvió para comprobar que mis oídos no me habían engañado. Realmente quedé shockeado. Esa misma noche mi cerebro dio vueltas y vueltas sobre el tema, impidiéndome conciliar el sueño. Y decidí entonces volcar esas elucubraciones en estas líneas.
Mi primera conclusión de las palabras de Carrió fue obvia: los pobres votan al peronismo porque sus votos son fácilmente comprables. Por una chapa de aglomerado, un par de zapatillas, un choripán, votan estúpidamente a los que se dedican a mantenerlos en la marginación social para seguir aprovechándose de su ignorancia y carencias. Y ampliando ese pensamiento: los ignorantes jamás van a votar una opción seria y honesta, que intente rescatarlos de la miseria y elevar su nivel de vida, su educación, sin ir más lejos a la Doctora, lo decencia en persona, que al frente de la Coalición Cívica de radicales y filoradicales, adornada con un poquito de socialismo y algún peronista que le de cierta apariencia de amplitud y sensibilidad social, les presenta una opción racional honesta y compuesta por gente como uno. Seguirán entonces viviendo en la pobreza, en la ignorancia, recibiendo algún plan de 150 pesos por mes y siendo presa de los deleznables punteros peronistas, corruptos y narcotraficantes.
Contrastada con los hechos, esta postura mesiánica es difícil de sostener. Aquí van algunas ideas que la desmienten.
El radicalismo ya gobernó dos veces el país en los últimos 26 años .Las dos veces no pudo cumplir su mandato y la situación que dejó luego de esos períodos fue catastrófica. La primera, después de la Hiperinflación alfonsinista, y la segunda, con el derrumbe del modelo neoliberal que De la Rua, apelando nuevamente a Cavallo, pretendió sostener a cualquier costo. Ergo, el estruendoso fracaso radical colaboró, en ambos casos, para que los pobres fueran indigentes y para que muchos que no lo eran comenzaran a serlo.
Otra elucubración: Es aceptado por todo el mundo, inclusive los gurúes de la city más ortodoxos y neoliberales, que la desocupación, la pobreza e indigencia han caído desde el 2002 a la fecha. Seguramente no en la medida en que muchos (no todos) desearíamos, pero así ha sido. De más de 2.000.000 de planes que había, se bajó a menos de 800.000. El movimiento piquetero, que creció en forma vertiginosa desde el año 98 hasta el 2003-2004, comenzó a perder fuerza en forma evidente, recobrando vigor las organizaciones sindicales, las cuales, habiendo mejorado la correlación de fuerzas pre existente, han negociado a través de estos años aumentos salariales en las paritarias, que han mejorado el salario real de los trabajadores. Por lo tanto, más allá de la retórica moralista y presagios de todo tipo de catástrofes, el kirchnerismo ha elevado en medida relativamente importante la calidad de vida de los sectores populares llevando adelante, en la visión de la Dra. Carrió, una política suicida, pues al mejorar los índices esas personas humildes, pero en progresiva mejoría, automáticamente descubrirían el engaño al que habrían estado sometidas e inmediatamente comenzarían a votar a representantes más honestos, capaces y auténticamente republicanos y democráticos.
Otro antecedente a tener en cuenta es la reelección de Carlos Saul Menem en 1995. Para ese entonces el menemismo había llevado a cabo casi la totalidad de su obra de Gobierno. Había privatizado la mayoría de servicios y empresas estatales, había desarrollado al máximo la política de relaciones carnales, dando excusa a la realización de los más importantes atentados terroristas de la historia argentina, había indultado a los peores asesinos creadores del Terrorismo de Estado, había acabado con la pequeña y mediana industria nacional llevando la desocupación al 19%, había pagado los sobre sueldos de hasta USD 40.000 por mes a sus Ministros y Secretarios, etc.,etc.,etc.. Y sin embargo no sólo fue re-elegido con el 49 % de los votos, sino que en la culta y refinada ciudad de Buenos Aires sacó el 40 % de los votos, la mitad de los mismos aportados por los simpatizantes de Alvaro Alsogaray, quien desde un ¡lista colectora! apoyó a Menem. La misma clase media alta que votó a Menem en el 95, instruída, muchas veces universitaria, sin ninguna necesidad económica, y que luego votaría masivamente a Domingo Cavallo en el 2000 enfrentando a Ibarra, es la que ahora dividirá sus votos entre la sensible, inteligente y mediática Gabriela y el carismático Pratt- Gay, empujado desde atrás por la Dra. Carrió. Entre los marginales cuasi analfabetos potenciales votantes de Kirchner y la ilustración porteña que a sabiendas vota lo que vota opto por aquellos que sin duda tienen una identidad político cultural que los convierte en un colectivo potencialmente transformador.
Si, quizás injustamente, potenciáramos el concepto profundo de la Dra. Carrió, podríamos llegar a la defensa del voto calificado o, quizás, a la defensa del golpe de estado. ¡Te fuiste de mambo! exclamarán algunos descreídos del “intento destituyente”, pero yo, humildemente, les recuerdo que el radicalismo gobernó dos veces en el pasado gracias a la proscripción del Peronismo, luego de dos intervenciones militares. Por lo tanto, atribuirse soberbiamente el monopolio de la República y la Democracia, me parece un poco desmedido. Más allá de las denuncias rimbombantes, los adjetivos agraviantes, las hip
ótesis conspirativas, sería mejor que la Dra. Carrió explicitara propuestas concretas en lo económico, justicia, relaciones internacionales, modelo productivo, políticas sociales y demás lineas de Gobierno. Como dice Martín Caparrós, con quien pocas veces concuerdo, el “honestismo” es una política de patas cortas. Y el desprecio por los sectores populares se disimulará con cientos de palabras políticamente correctas, pero, en el fondo, siempre será gorilismo.