“Los problemas no son ni de izquierda ni de derecha“. Esta es una frase que se repite en muchos periodistas y políticos a la hora de buscar soluciones a los problemas. Y avanzan. Y dicen que lo que la “gente” quiere es que se ocupen de sus problemas y los resuelvan, nada más. Generalmente, y digo generalmente porque hay algunos periodistas y políticos progresistas que “palabras más palabras menos” también se suman a este carácter a la hora de realizar sus finos análisis, la mayoría pertenece al espectro que podemos poner del lado de la derecha.
Ahora bien, ante un mismo problema existen varias formas de abordaje en pos de solucionarlo – siempre creyendo que se quieren solucionar – y esas formas de abordaje están estrechamente relacionadas con el marco ideológico que cada uno posee.
Desde Fukuyama y la caída del Muro se viene bastardeando a la ideología como algo – desde ya malo – ligado a la política como un aspecto negativo (politiquería). Y relacionado desde un lugar oscuro, intrigante, desconfiado. Como si uno, en cada una de las decisiones que asume todos los días, lo hiciera despojado de su marco ideológico. Porque uno avanza en la vida con una forma de ver las cosas, de interpretarla. Lo que se dice la cosmovisión que se tiene del mundo.
Mauricio Macri es uno de los que utiliza la frase “los problemas no son ni de izquierda ni de derecha”. Siempre la arranca con seño fruncido y molesto.
Con esta premisa es digno de analizar su empecinamiento en poner al frente de la Policía Porteña al “Fino” Palacios. Y sobre todo la argumentación con la cual defiende su designación. Es evidente que, hablando de la policía, al tipo no le entran las balas, y responde que “el Fino” es un hombre que cuenta con su total confianza y que para él está mal imputado. Que todos tenemos que estar tranquilos porque si él, que es Mauricio Macri, dejaría su familia al cuidado del “Fino“, cómo todos los vecinos de la ciudad de Buenos Aires no lo vamos a hacer. Tremendo argumento. Mauricio pone por encima de lo publico su vida personal, individual. Que alguien me diga que esto no es un forma de interpretar la realidad.
La legislatura, la Comunidad Judía , la Justicia , son meras opiniones que están por debajo de la de un individuo, mas allá que sea el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Mauricio puede alegar que tiene atribuciones, por haber sido elegido por el voto popular, para designar su Jefe de Policía, hecho que es totalmente cierto, pero también las decisiones no deben carecer de un carácter ético y moral.
Otro tema no menor es indagar sobre las razones que tiene Mauricio para defender y sostener a capa y espada el nombramiento del “Fino” Palacios. Deberíamos intentar arribar a alguna motivación por la cual tiene que ser Palacios y no otro el responsable del orden en la ciudad. Y ahora que hablamos de orden quizás estamos obteniendo una clave. ¿Será que le garantiza orden e impunidad a la hora de resguardar la seguridad de la Ciudad ? Si de impunidad hablamos la voladura de la AMIA nos vuelve a la memoria y “el Fino” puede ser procesado por la investigación fallida.
Esta decisión personal de Macri no debería prosperar. Si esto ocurriese estaría ganando una mirada privatista de la gestión.
Los que creemos en las ideologías, en el Estado, en las construcciones colectivas, en fin, en la política, debemos dar batalla a las frases que parecen de ocasión pero que si no se las combate se transforman en permanentes.