Por Omar Rincon | 27 de Mayo 2010 - 2:54 pm - Publicado en General

En la última película de Martín Scorsese, “La isla siniestra”, un detective-paciente no puede aceptar la realidad y termina siendo sometido a una lobotomía. La trama de la película es muy interesante y, creo, que nos ayuda a analizar la coyuntura política actual que estamos viviendo.

Uno de los conceptos que refieren a lo siniestro es “cuando una situación familiar se transforma en extraña”.

En la argentina actual presenciamos un escenario en donde este concepto se puede aplicar con respecto a ciertas expresiones que manifiestan algunos periodistas y políticos. En general participan de la misma visión con respecto a la marcha del gobierno.

La Argentina no es la misma que en el 2001, cuando todo explotó. Hoy asistimos a una recuperación del trabajo, del salario, de los jubilados y de los chicos. Y como telón de fondo un Estado que se hace cargo de dirimir los conflictos al interior de nuestra sociedad.

La discusión política ha vuelto a tomar protagonismo a la hora de fijar posición con respecto a las políticas impulsadas por el gobierno nacional. A la apatía se le contrapuso la discusión y una incipiente participación política (sobre todo de los jóvenes). Y sin embargo hay muchos sectores que todavía presentan a la argentina como un país que se encuentra en un estado de crisis constante y con ninguna medida que se merezca señalar como buena.

Una gran porción de los sectores opositores se empeña en mostrar una Argentina que no puede salir, en donde todo está mal. Ante cada iniciativa del gobierno el relato que lo sigue, tanto desde los grandes medios de comunicación como de un sector de la oposición, hacen hincapié en los problemas de implementación o en la lectura de los logros como algo negativo, como pueden ser la Asignación Universal por Hijo con sus largas colas (y…si hay mucha gente necesitada, era evidente que iba a haber colas), y las consecuencias con la falta de pupitres por haber aumentado en un 25% la matricula de escolaridad. No pueden entender que, a pesar de muchos pendientes, la situación ha mejorado sustancialmente.

Volviendo a la película, el personaje de Leonardo Dicaprio pelea todo el tiempo por tratar de superar el trauma que lo refugió en sus propios fantasmas, y no logra poder reencontrarse con esa realidad que lo mortifica. Como el método utilizado por sus médicos no da resultados, no queda otra que someterlo una lobotomía.

Algo parecido sucede en la Argentina actual, muchos no pueden entender que la situación ha cambiado y muchas de las cosas que antes permanecían intocables hoy están siendo cuestionadas.

Durante mucho tiempo algunos temas fueron tabúes o bien quedaron relegados ante la imposibilidad de contar con la correlación de fuerza necesaria para poder ponerlos en cuestión o bien modificarlos.

En los grandes medios de comunicación estaba vedado hablar de los hijos de Noble o de Papel Prensa, como así también el neoliberalismo de los noventa había eclipsado la posibilidad de pensar en la recuperación del Estado como un órgano rector con capacidad de decisión.

La manifestación popular que participó de los festejos del Bicentenario nos indica que existe una sociedad habida de poder manifestarse, de poder decir como se siente, de poder poner el cuerpo y su voz sin ninguna mediación que distorsione su sentir.

Es cierto que todavía queda mucho por hacer, pero es innegable que las cosas han mejorado. No se podría haber tenido una fiesta de la magnitud de la que vivimos en el Bicentenario con una sociedad asustada, triste y minusválida.

Y a un gran sector de la oposición y de los medios de comunicación les cuesta aceptar este nuevo escenario, y siguen distorsionando la realidad hasta utilizando el recurso de la mentira.

Siguiendo con la trama de la película, no sé cual será el trauma que cada uno carga y no le permite ver lo que no puede aceptar.

En la última escena el protagonista principal se encuentra con su médico y le comunica que no puede aceptar “lo real” y camina solo hacia los médicos que lo esperan para realizarle una lobotomía.

No es un buen fin.

Y la Argentina no es una isla ni vive aislada, se encuentra inmersa en un escenario regional latinoamericano muy afín a los valores democráticos y libertarios en donde sus presidentes y presidentas son muy diferentes y parecidos, entre ellos y sus representados.

Por eso es que esperamos que esa multitud esperanzadora, partícipe necesaria de los festejos, rompa esos traumas y permita aceptar esta nueva situación sin prejuicios ni dobles intenciones. Porque es mejor reconocer al otro como distinto, debatir y discutir asumiendo nuestras miradas diferentes.

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